Se derrumban los balcones de la casa-cuartel de la Guardia Civil de El Escorial

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Dos balcones de la casa-cuartel donde viven varias familias de guardias civiles en El Escorial se han derrumbado este último fin de semana a pesar de que ya se había denunciado la situación de ruina de parte del edificio hace más de un año. La Asociación Unificada de Guardias Civiles de Madrid denuncia que la Comandancia de la Guardia Civil en Madrid, a pesar de tener conocimiento desde entonces de que existía peligro de derrumbe de dichos balcones, no ha hecho nada al respecto.

Hace dos años tuvo lugar el primer desprendimiento del revestimiento de ladrillos de uno de los balcones, motivo por el cual acudieron los bomberos de la localidad al lugar, en donde informaron a los guardias civiles que habitaban el pabellón de que el estado de estos era ruinoso y de que corrían peligro de derrumbe. Hace un año, el suceso se volvió a repetir y los inquilinos trasladaron a la Comandancia de la Guardia Civil en Madrid la situación del edificio, ante lo cual la única actuación que se llevó a cabo fue acotar con una cinta el espacio de los balcones para que nadie pasara por debajo.

Como era de esperar, los balcones han cedido por fin. El pasado sábado de madrugada se derrumbó el superior, llevándose en su caída también al inferior. Aunque, por fortuna, no ha habido que lamentar daños personales, para AUGC Madrid es inaceptable que los guardias civiles tengan que vivir con la inseguridad que supone habitar un pabellón ruinoso sin que la Jefatura haga nada por solucionarlo.

En El Escorial existen 43 pabellones habitados por guardias civiles y sus familias, incluidos niños pequeños que, ante una situación como esta, podrían correr un grave peligro. Una cinta que acote una zona durante más de un año sin poner ninguna otra medida de seguridad no es, desde luego, una solución razonable para el estado en el que se encuentran muchos pabellones y cuarteles de la Guardia Civil.

Porque el de El Escorial no es el único caso de pabellón o cuartel en malas condiciones y cuya reparación se deja en suspenso durante años. En muchas ocasiones, son los propios guardias civiles que habitan en ellos los que se encargan de pagar de su bolsillo las reparaciones, ante la impasividad de la Jefatura. Esto es más sangrante aún si se piensa en sucesos como la adjudicación “a dedo” hace unos meses de un piso de la Guardia Civil al director de la Dirección General de Tráfico, en el que se pensaban invertir 40.000 euros, mientras los guardias civiles que realizan una labor de servicio al ciudadano se encuentran viviendo en condiciones vergonzosas.

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